Hoy quiero abrir esta entrada del blog con una pregunta que, sin duda, es uno de los motivos principales de consulta en mi día a día: ¿Tengo vaginismo?
Muchas mujeres que cursan con dolor en sus relaciones sexuales asocian inmediatamente su síntoma a este diagnóstico. Es completamente natural buscar respuestas en internet, pero de la misma forma que un dolor de cabeza no siempre es una migraña, aprender a identificar qué nos duele y cómo nos duele es el primer paso para ponerle el nombre correcto a lo que nos pasa.
En esta entrada vamos a hablar de los tipos de dolores que nos podemos encontrar, qué los diferencia científicamente y cómo podemos identificarlos desde la perspectiva de la fisioterapia de suelo pélvico.
Es fundamental no poner etiquetas de forma generalizada. En consulta vemos constantemente cómo un diagnóstico erróneo o una «etiqueta» autocomprometida no solo condiciona directamente la estrategia de tratamiento, sino que también genera una carga de frustración, culpa y ansiedad innecesaria que tensa, aún más, nuestra musculatura pélvica.
¿Qué tipos de dolores hay? Entendiendo el mapa del dolor
Desde el punto de vista clínico y de la fisioterapia de suelo pélvico, el dolor asociado a la penetración o al contacto genital no es un bloque homogéneo. De hecho, manuales diagnósticos de referencia científica (como el DSM-5) engloban estas disfunciones dentro del Trastorno de Dolor Genitopélvico/Penetración (TDGP) debido a la gran relación que existe entre ellos.
Sin embargo, para poder tratarlos con precisión, los especialistas diferenciamos tres manifestaciones principales:
1. Dispareunia: El dolor como síntoma principal
La dispareunia se define como el dolor genital persistente o recurrente que ocurre justo antes, durante o después de la penetración vaginal.
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La clave clínica: A diferencia del vaginismo, en la dispareunia la penetración físicamente es posible, pero se realiza con dolor (que puede ir desde un ardor o quemazón superficial hasta un dolor punzante y profundo).
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Tipos de dispareunia:
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Superficial (o de entrada): El dolor se localiza en la vulva o en la entrada de la vagina. Suele estar relacionado con problemas de hidratación, cicatrices de episiotomías, infecciones recurrentes o vestibulodinia.
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Profunda: El dolor se siente al fondo de la vagina o en la pelvis con el impacto. Suele estar vinculado a tensiones en los ligamentos uterinos, endometriosis, miomas o hipertonía (exceso de tensión) de la musculatura profunda del suelo pélvico (como el músculo elevador del ano).
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2. Vaginismo: El reflejo defensivo e involuntario
El vaginismo no es solo «dolor», es una respuesta fóbica y defensiva del cuerpo. Se caracteriza por una contracción refleja, espasmódica e involuntaria de los músculos que rodean el tercio externo de la vagina (principalmente el músculo pubococcígeo) al intentar cualquier tipo de penetración.
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La clave clínica: La penetración física se vuelve parcial o totalmente imposible (se siente literalmente como si hubiera un «muro» o un tope anatómico).
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El componente neuromuscular: Existe una estrecha relación entre el sistema nervioso y el muscular. El cerebro anticipa dolor o peligro y, para proteger el cuerpo, envía una orden ultra-rápida de «cerrar la puerta». Es un espasmo tan involuntario como el parpadeo cuando algo se acerca al ojo.
3. Dolor Pélvico Crónico (DPC)
A diferencia de los anteriores, el dolor pélvico crónico es un dolor no cíclico que se localiza en la pelvis, la pared abdominal anterior, las nalgas o la zona lumbar, con una duración de al menos 6 meses. No aparece únicamente con el estímulo sexual o la penetración, sino que puede ser constante o desencadenarse por actividades cotidianas como estar sentada mucho tiempo, orinar o defecar. Está muy relacionado con la sensibilización del sistema nervioso central y la disfunción miofascial de la pelvis.
¿El dolor solo aparece en las relaciones sexuales?
La respuesta corta y rotunda es no.
Asociar estos dolores únicamente al coito es uno de los mayores mitos de la salud femenina. El suelo pélvico no sabe si lo que intenta entrar en la cavidad vaginal es un pene, un espéculo médico o un producto de higiene menstrual. Por ello, este dolor o la imposibilidad de apertura se manifiesta de forma muy común en situaciones cotidianas como:
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Colocarse o retirarse un tampón o una copa menstrual.
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Una exploración ginecológica de rutina (la colocación del espéculo o la ecografía transvaginal).
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La autoexploración o el uso de juguetes sexuales.
Si sientes dolor o tu musculatura se bloquea en cualquiera de estas situaciones, no lo dejes pasar pensando que «ya se pasará cuando estés más relajada». Tu cuerpo te está enviando una señal de alerta de que el tejido o el sistema neuromuscular necesitan atención.
¿Cómo te ayudamos?
El dolor no es algo con lo que debas aprender a convivir. Por eso desde la Fisioterapia de suelo pélvico y la sexología te podemos ayudar. Lo primero realizando una valoración exhaustiva de tu caso, donde tendremos en cuenta tanto tu contexto personal como el estado de tu cuerpo. Estableceremos un plan de tratamiento que combinará tanto herramientas de la fisioterapia, con técnicas corporales e integrando la sexología en todo el proceso que nos permitirá mejorar el dolor, darte herramientas para gestionar el miedo y la ansiedad y aprender a entender el lenguaje de tu cuerpo. Y por último sexualidad consciente para construir tu sexualidad desde una coherencia entre lo que quieres y necesitas y lo que construyes.
Si sientes dolor, recuerda: tu dolor es real, es válido y tiene tratamiento. No estás sola en esto.
Sara Prior.
¿Te has sentido identificada con alguna de estas situaciones? Si tienes dudas sobre tu caso o quieres compartir tu experiencia de forma totalmente segura, te leo en los comentarios.
