No podía iniciar este blog de otra forma que no fuera con este temazo: el dolor sexual. Es, sin duda, uno de los motivos de consulta principales en los que acompañan día a día a mujeres en mi consulta.

Pero empecemos por el principio, de tú a tú: ¿qué es realmente el dolor sexual? Como su propio nombre indica, se trata de cualquier molestia o dolor en la zona genital o pélvica que se produce durante las relaciones sexuales, o que incluso puede llegar a impedirlas por completo. El dolor puede ser vaginal, vulvar o de la esfera pélvica profunda.

Desde un punto de vista clínico y profesional, dentro de los dolores sexuales encontramos diferentes etiquetas diagnósticas, como la dispareunia (dolor coital), el vaginismo (la contracción involuntaria de los músculos del suelo pélvico), el dolor sexual crónico o, incluso, el dolor durante el orgasmo .

¿Puedo tener dolor en cualquier momento de mi vida?

La respuesta es un rotundo . Aunque muchas mujeres asocian el dolor sexual exclusivamente a etapas como el posparto o la menopausia (debido a los cambios hormonales y de los tejidos), la realidad científica nos demuestra que el dolor sexual puede aparecer en cualquier momento de nuestra vida sexual.

Y aquí quiero romper un mito: no está asociado sí o sí a una experiencia traumática. Aunque tenemos que ser muy honestos —y el trauma es una de las causas principales—, existen muchos otros factores físicos, biológicos y vasculares que pueden desencadenarlo.

Además, el dolor no se siente igual en todos los cuerpos. Puede manifestarse como:

Déjame decirte una cosa clara: todos, y repito, todos tus dolores son reales. Tienen una explicación fisiológica y una causa que los mantiene o los aumentan. No te los estás inventando.

La gran pregunta: ¿Es el dolor sexual normal?

No, pero sí es muy común. Muchísimo más de lo que nos pensamos y en edades bastante más jóvenes de lo que a veces nos dicen los libros de texto.

Sin embargo, que algo ocurre a menudo (que sea prevalente) no lo convierte en normal . Y, por tanto, es fundamental atenderlo. Silenciar un dolor no es atenderlo. Forzarnos a tener relaciones sexuales sintiendo molestia tampoco lo es (de hecho, esto cronifica el problema porque alerta a nuestro cerebro).

Atenderlo significa, en primer lugar, identificarlo, saber localizarlo y aprender a describirlo. Después, el paso profesional es establecer un plan de tratamiento integral. El dolor sexual no es algo puramente físico; la ciencia actual avala el enfoque biopsicosocial . Esto significa que necesitamos atender el tejido y el cuerpo, pero también a nuestro sistema nervioso (que se vuelve hipervigilante ante el dolor) ya las emociones y miedos asociados a esta sintomatología. De no hacerlo así, estaremos cometiendo el error de no escuchar las necesidades reales de nuestro cuerpo.

¿Qué podemos hacer entonces?

La respuesta está en disciplinas como la fisiosexología y la terapia especializada. El camino consiste en entender nuestra anatomía, reconectar esa zona con nuestro cerebro y sistema cognitivo, y, sobre todo, recuperar nuestra identidad en lo sexual.

El dolor sexual no te define. Tienes una identidad sexual hermosa y plena fuera del dolor, y es sumamente importante darle ese espacio de autocuidado durante todo el proceso terapéutico. No te conformes; el sexo no duelo.

Sara Prior.

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